La marca turística de Berlanga de Duero se construye desde un relato que conecta pasado, presente y futuro. El proyecto interpreta el territorio como un sistema histórico, arquitectónico y simbólico, traduciéndolo en un lenguaje contemporáneo capaz de activar el destino. A partir de una geometría inspirada en las lacerías de la Colegiata, integra patrimonio, relato y personajes en una misma estructura visual. La identidad se apoya en una paleta y una construcción formal que remiten al Renacimiento como momento de esplendor, no desde la nostalgia, sino desde la idea de renacer como actitud. El dorado, en este contexto, no es decorativo, sino conceptual: habla de valor, permanencia y legado.