Por el 30 aniversario de Metro Bilbao, se crea un calendario como pieza de relación con la ciudadanía.
La propuesta parte de una idea clara: mostrar el metro como el espacio más democrático de Bizkaia, donde personas diferentes comparten un mismo viaje.
Situamos a las personas en el centro, dejando la arquitectura de Norman Foster como escenario de un estudio fotográfico abierto donde usuarios reales, sin casting ni guion, participan espontáneamente en un retrato colectivo. La fotografía en blanco y negro unifica las imágenes y refuerza la identidad de cada participante.
El calendario trasciende su función institucional para convertirse en una declaración cultural.
El proyecto se amplía como campaña en los mupis del propio Metro, devolviendo el relato al espacio que lo inspira.