El edificio, situado junto a la Ría de Avilés, resurge a partir de una fachada ya existente.
El contraste entre pasado y modernidad se muestran en su nombre: Séliva, reflejo de Avilés. Sobre esta idea la imagen se basa en las reflexiones de letras para formar la palabra séliva y su espejo Avilés y el reflejo dentro de los propios caracteres, siguiendo siempre la línea oblicua que forman las diagonales como eje de reflexión. La prolongación de este eje, partiendo de la V, sirve de apoyo para la palabra edificio y aporta una estructura arquitectónica. El volteo de la letra e, rompe el reflejo exacto de la palabra avilés, mejorando la legibilidad al tiempo que juega con el observador a modo de ilusión óptica.