En 1999, una orquesta reunió a jóvenes músicos de lugares marcados por la diferencia y el conflicto. De esa idea nace la Fundación Barenboim-Said. Una institución que entiende la educación musical como una forma de diálogo, encuentro y futuro. La música se convirtió entonces en un espacio común.
La nueva identidad visual parte de ese mismo principio. Una identidad que nace del gesto. Del movimiento de la batuta. De una línea que marca el compás y traduce la música en forma. Una marca sobria, clara y contemporánea, capaz de convivir con la música, la educación y la cultura. Un sistema visual flexible, reconocible y vivo. Porque la música también es diálogo. También es encuentro. También es futuro. Una identidad visual para escuchar el diálogo.