Ferrero Rocher lleva su universo a la ciudad con un pop-up exterior pensado como un gran regalo: una caja dorada a escala humana que invita a entrar, descubrir y celebrar. Ligera, abierta e icónica, la estructura brilla a 360º con planos oro y esferas luminosas que atraen desde lejos. En el interior, producto y experiencia se funden: sampling, juegos y sorteos guiados por promotores convierten la visita en un momento compartible y potencian la compra y el cross-selling. Un hito navideño que transforma el placer de regalar en arquitectura.