El desafío era crear una marca que transforme lo cotidiano en un gesto de placer, y lo funcional en algo deseable. Bon Babef convierte el cuidado personal en un pequeño capricho diario, para ello creamos una identidad visual modular con un querubín ilustrado que pone cara (y alas) al placer sin culpa, y una tipografía Art Déco que no grita, pero seduce.
El packaging —más cerca de una delicatessen que de un baño— hace que cada frasco parezca un regalo. La marca habla de bienestar con estilo, de belleza sin pretensiones y de sostenibilidad con gusto.
Todo en Bon Babef cuenta la misma historia: la de un hedonismo responsable, cotidiano y con encanto. Todo en la marca respira coherencia, sensibilidad y mucho, mucho cuidado.
El resultado: una marca que huele bien, y se ve aún mejor…