El punto de partida del libro es la exposición Ni principio ni fin, un paisaje a la deriva, que Françoise Vanneraud presentó en la Fundación DIDAC.
El protagonismo de la cubierta recae sobre el tríptico Tocar el vértigo, una pieza en la que la nieve está físicamente “escarvada” mediante el laminado de las capas que componen el papel. La publicación añade un estrato más al aparecer la imagen parcialmente velada por una faja de papel vegetal desgarrada. La manualidad de la rotura nos remite al minucioso proceso de la artista y nos despierta sensaciones tan afines a su obra como la fragilidad y la delicadeza.
La imagen fue reproducida en negativo mediante impresión digital de tinta blanca sobre cartulina especial negra. El volumen está encuadernado en tapa dura y cubierto con la faja rasgada