Un trocito de naturaleza en la oficina. Este calendario nace como un pequeño gesto: el de detenerse. Detenerse a mirar el paisaje que nos rodea, a reconocer lo que nos identifica y a celebrar lo cotidiano desde el diseño.
A través de 12 árboles del entorno asturiano y de frases heredadas de la tradición oral en nuestra lengua materna, cada mes pone en valor una especie que forma parte silenciosa de nuestra memoria colectiva: del camino, del monte, de la cocina, del lenguaje y de las estaciones. Los árboles troquelados forman un bosque y muestran también el paso de las estaciones mediante los colores, al cambiar y superponer las láminas de los meses del año.
Funcionalidad y pertenencia del territorio se fusionan en esta pieza que invita a acompañar el paso de los días desde la calma.