La inspiración proviene de una antigua lámpara de mano portátil llamada quinqué. Como la original, este diseño lleva asa que puede extenderse para transportarlo y que además oculta el cierre superior, o puede guardarse para facilitar su exposición en el punto de venta. El producto contiene una luz led que ilumina el interior de la calabaza. La prioridad fue garantizar la seguridad de los pequeños consumidores, por lo que su estructura interior gira entorno a que esta pieza electrónica y de pequeño tamaño quedara inmóvil en su interior, a su vez, accesible solo para encenderla o apagarla al mismo tiempo que sujeta, expone y protege la figura de chocolate. Su diseño gráfico se basa en elementos de terror, pero adaptadas a la sensibilidad infantil. Resultando un packaging único y atractivo.