La imagen de Camino Escena Norte nace de una emoción concreta: ese instante en que algo en escena atraviesa al espectador y comienza a florecer en su interior. A partir del lema “Sembrar, cuidar, florecer”, la autora representa visualmente la transformación íntima que el teatro provoca cuando se siembra en los territorios. El eje es un rostro en primer plano, que podría ser el de cualquiera que forme parte del proyecto. En sus ojos, flores: no mira, es transformado por lo que ve. Bajo el rostro se abre un telón del que emerge una escena como recuerdo interior. Paisajes, personajes y colores evocan la diversidad de las artes escénicas. El resultado son cuatro carteles en cuatro lenguas para la franja cantábrica: cuatro miradas, un mismo latido.