En este proyecto, el entorno se vuelve clave para crear una experiencia expositiva completa. El reto fue transformar más de 5.000 m² de una nave industrial en una exposición efímera capaz de mantener intimidad sin restar fuerza al espacio ni a la obra de Graciela Iturbide. Cada superficie actúa como un lienzo silencioso que amplifica sus imágenes. La línea gráfica, integrada de forma orgánica, utiliza una tipografía suave que conecta lo natural y lo industrial. El diseño permanece en un segundo plano, facilitando una experiencia en la que visitantes y espacio observan y reflexionan. Proyecto realizado junto a Estudio Juarranz y Alfredo Casasola.