Creamos un proyecto de aire andaluz que se fusiona con la arquitectura del Palacio de la Trinidad, de regionalismo tardío y con claras influencias de estética sevillana.
El sinuoso camino está flanqueado por geranios rojos y plataformas con espacios de descanso rodeadas de vegetación asociadas a la rivera de los ríos.
El tramo final es un concepto más rompedor y vanguardista con árboles pintados en rojo y procedentes de un jardín incendiado y que se recuperan para volver a formar parte de la naturaleza. El cristal reciclado, grava, salvia roja o sedum, dan un enfoque ecológico al proyecto. Y todo enmarcado en una cascada que refleja y desdibuja el Palacio, la naturaleza y el hombre. Todo es efímero.